Confianza

Reflexioné sobre la confianza. La confianza y la desconfianza, ¿son realmente sentimientos? ¿O son nombres que les damos a otra cosa? La confianza y la desconfianza son más bien resultados. No existe un sentimiento de confianza o de desconfianza sin más, sino sensaciones de deseo de contacto o de retirada después de valorar determinados signos en el otro, signos que reconocemos porque ya los vivimos antes. Los niños suelen ser confiados, porque viven su deseo de contacto presente y no reconocen signos que les lleve a la retirada, por lo poco que aún han vivido. Así, un niño tímido tal vez ya vivió demasiado. ¿Cómo se acaba por desconfiar? Cuando se percibe la señal, ya experimentada en otra ocasión, de que del otro vendrá daño. ¿Y qué se hace entonces? Nos retiramos identificando al otro como un otro anterior, y no vivimos al actual. Nos lo perdemos. Además, nos vivimos a nosotros mismos como aquél que fuimos y recibió el daño. También nos perdemos a nosotros mismos. ¿Cómo se acaba por confiar? Casi siempre buscando en el otro los signos también de una relación anterior, de la que recibimos bienestar. ¿Y entonces? También nos perdemos al otro actual, con su originalidad, sus matices, su presencia insustituible. Lo vemos como deseamos verlo, porque añoramos algo que perdimos o que evitamos perder. Por ejemplo, cuando idealizamos una relación pasada porque nos parece que fue segura, mutilando el recuerdo si es necesario. También aquí nos vivimos a nosotros mismos como aquél que fuimos que recibió bienestar, esto es, en una posición dependiente.

¿Qué es entonces la Confianza, así con mayúsculas, es decir adulta? Es un acto creativo. Es la construcción de nuevos signos, constantemente y apoyándose en lo que vivimos ahora, diferente a lo que vivimos antes, porque tú eres único y yo soy único, y ni siquiera somos los que fuimos, los que recibimos el daño y no supimos o no pudimos (por inmaduros) protegernos. Ni tampoco los que recibimos bienestar, pasivamente, porque (dedujimos entonces) lo recibíamos porque éramos dignos (sin más) de recibirlo, igual que el daño. La confianza se crea activamente, se crea en la relación, haciendo, proponiendo, pidiendo, agradeciendo, experimentando.  Amando lo nuevo, en ti y en mí. ¿Dónde está el riesgo? En abandonar el supuesto bienestar pasado, la supuesta protección infantil que aún anhelamos. En la Confianza nos despedimos de lo que fue seguro, o pareció ser seguro, o de lo que quisimos que fuese seguro, y damos la bienvenida a la vida actual, con sus posibilidades y descubrimientos, con la misma fascinación del niño que mira las burbujas de una gaseosa como algo nuevo y misterioso, y con la fuerza del adulto que ahora sabe que sí, que ahora puede decidir, hacer, escoger. Yo te escojo a ti.

Ángel Martínez Viejo