CONSTELACIONES:

DESCUBRIMIENTOS EN LA FAMILIA INTERGENERACIONAL

Ángel Martínez Viejo. Psicólogo. Formador del Aula La Montera (Sevilla)

En 1999 Silvia Kabelka comenta con Joan Garriga, director del Institut Gestalt de Barcelona, que un psicoterapeuta alemán está impactando con su brillante y controvertido trabajo en el mundo psicoterapéutico germano parlante. Se trata de Bert Hellinger (n. 1925), un ex-sacerdote que a edad madura se inclina por la psicoterapia y que, reuniendo una amplia formación, llega finalmente a la terapia familiar. En los años ochenta del pasado siglo desarrolla su propia terapia familiar con los grupos con los que trabaja, “descubriendo” un método realmente sorprendente y espectacular: las constelaciones familiares.

Joan Garriga, interesado por las constelaciones, decide contactar con Hellinger y organizar un curso en su centro. Llama a sus íntimos colegas Ramón Resino (Sevilla) y Luis Fernando Cámara (Vitoria) para acompañarle en esta presentación, y junto a varias docenas de participantes están presentes en este primer contacto con Bert Hellinger en España. Ninguno de ellos podía imaginar en esas fechas que ese curso era el inicio de una extraordinaria difusión de las ideas de Bert Hellinger, con una rapidez desconocida en psicoterapia desde los tiempos del psicoanálisis. En el año 2000 Hellinger imparte con éxito un nuevo curso en Sevilla, de la mano de La Montera, y en 2001, en el primer Encuentro Internacional de Toledo, reúne ya a 500 personas procedentes de distintas zonas del mundo. En apenas una década se han multiplicado en España e Hispanoamérica los centros y el número de terapeutas que aplican y enseñan las constelaciones familiares. Los cursos de Bert Hellinger se imparten por todo el mundo y concentran a cientos, miles de persona. Sus primeros discípulos, alemanes en su mayoría, comienzan a ser reclamados desde otros países dada la dificultad para que Hellinger acuda a todos aquellos lugares que lo solicitan. Primero el boca a boca, después los libros de (y sobre) Hellinger y finalmente la promoción de los centros y profesionales provocan el interés, no sólo de los psicoterapeutas, sino también de otras disciplinas de la ayuda: las constelaciones empiezan a aplicarse en el mundo educativo, en las empresas, en las cárceles, en ámbitos sanitarios...

¿Qué sucede con Bert Hellinger y sus constelaciones? ¿Qué provoca este interés, incluso fascinación, por su trabajo? Con anterioridad, desde los años cincuenta del siglo XX, otros terapeutas ya habían descubierto las enormes influencias de la familia y sus implicaciones en las dificultades que llevaban a las personas a un tratamiento psicoterapéutico, aplicando esta perspectiva (llamada sistémica) en la búsqueda de soluciones. Pero nadie ha mostrado como Hellinger la evidencia de dicho ascendente familiar, revelando, gracias a las constelaciones, que durante varias generaciones ciertos hechos importantes de la historia familiar, si no han sido resueltos en su momento, siguen actuando como si acabaran de suceder, incluso en hijos y nietos que nada sabían de esos asuntos. Acontecimientos familiares como niños fallecidos a edad temprana, abortos, relaciones violentas, migraciones, parejas anteriores al matrimonio, enfermedades o accidentes graves..., hechos, en definitiva, que cambian el destino de la familia, pueden provocar consecuencias que se “heredan” aun cuando sus protagonistas iniciales hayan fallecido.

Las personas que exploran sus propias dificultades desde esta perspectiva pueden encontrar sentido y soluciones a comportamientos y estilos de vida que comportan infelicidad, que los mantenían enredados y cuyo origen desconocían. Muchas de las personas que acuden a psicoterapia saben cómo sería vivir con mayor felicidad, pero incomprensiblemente se sienten impulsados a repetir ciertas conductas que, por el contrario, les hace desgraciadas. Es sorprendente comprobar con qué eficacia las constelaciones ofrecen alivio y salidas a personas con dificultades graves y prolongadas, y cómo frecuentemente éstas asumen con “naturalidad” las conexiones de sus problemas con hechos ajenos a su vida individual.

Bert Hellinger nos habla de un alma individual, regida por una conciencia que se conduce por la búsqueda de la pertenencia a la familia y otros grupos importantes actuales y la evitación de la exclusión de éstos, y de un alma familiar compartida por todos los miembros de la familia, que “organiza” integrando a todos sus componentes (de varias generaciones) en un mismo sistema, e impulsando a que los asuntos irresueltos, que pueden hacer peligrar dicha integración, sean finalmente resueltos aunque para ello sea necesario movilizar a miembros de la familia posteriores a los acontecimientos. El alma familiar se mantiene en estratos inconscientes del individuo organizándose en torno a los Órdenes del Amor.  Las constelaciones revelan estos impulsos inconscientes poniéndolos en su lugar. Es decir, ordenándolos, “colocándolos” en los miembros de la familia que realmente estuvieron implicados, y liberando así al miembro posterior que poco puede hacer con todo eso, más allá de respetarlo. Las mismas constelaciones revelan todo el amor familiar: es el amor de los posteriores el que les lleva a inmiscuirse en los asuntos de los anteriores, a estar disponibles para, incluso, el sacrificio de sus propias vidas (algo muy evidente, por ejemplo, en los hijos que tratan de “arreglar” las separaciones conyugales de sus padres). Se trata, sin embargo, de un amor ciego que lejos de resolver el problema familiar crea un nuevo problema. Es difícil explicar cómo se desarrollan las constelaciones. Es un método muy apoyado en la experiencia que suele provocar emociones intensas tanto en los participantes directos como en los observadores de la sala. Esto hace complicado describirlas sin quedarse “anémico” en la exposición. Básicamente, suele pedirse a la persona que exponga muy brevemente sus dificultades y si conoce en la historia familiar asuntos como los antes mencionados (a veces estos asuntos se descubren en el trabajo posterior). El terapeuta-facilitador ofrece a la persona (o escoge él mismo) que seleccione a varias personas del grupo para “representar” a los miembros de la familia implicados, que son situados en un espacio central de la sala reservado para la constelación (es decir, para la colocación de los representantes). Y aquí es donde surge lo realmente espectacular, e incluso misterioso, de este trabajo: los representantes pueden permitir que les “llegue” información sobre las personas a las que representan. Esto es, estos representantes pueden sentir, respecto al asunto en cuestión, lo mismo que los miembros de la familia implicados en él. Cómo ocurre esto es tan enigmático como sorprendente es que la persona (cliente) certifique la identificación del representante con el miembro de su familia al que representa, o que el propio representante señale algo que no se había dicho antes y que corrobora una historia familiar. En cualquier caso, es arrojada luz sobre el enredo favoreciendo, y también simplificando, la búsqueda de soluciones.

En el primer contacto con las constelaciones puede ser habitual el escepticismo ante estos fenómenos. Sin embargo, la desconfianza suele desaparecer con la sola participación, cuando son experimentados con veracidad y espontaneidad y dan lugar, en muy poco tiempo (comparado con las psicoterapias tradicionales), a soluciones. Un efecto notable de un curso de constelaciones es que los participantes, hayan o no trabajado asuntos personales, se sientan al finalizar más centrados respecto a sus relaciones, sabiendo qué es lo importante y qué no lo es, y orientados por tanto a cómo facilitarlas. Bert Hellinger no se ha dormido en los laureles. No lo hizo al principio de su periplo internacional, cuando venía acreditado por elogios de prestigiosos psicoterapeutas familiares alemanes, y aún sigue incorporando nuevos descubrimientos que desarrollan y amplían el trabajo con constelaciones. Él los ha denominado movimientos del alma y movimientos del espíritu, transformando la inicial labor psicoterapéutica en una ciencia de las relaciones humanas que sigue enseñando por todo el mundo. Actualmente las constelaciones se han incorporado con fuerza al campo de la psicoterapia y están presentes en los cursos de formación de importantes centros de nuestro país. Destacan el Institut Gestalt de Barcelona, pionero, y el Aula La Montera de Sevilla, centro este último que ofrece una formación avalada directamente por Bert Hellinger. Ambos son dirigidos por Joan Garriga y Ramón Resino, respectivamente, introductores de las constelaciones en España y primeros presidentes de la Asociación Española Bert Hellinger.

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