Concretar la Pedagogía Sistémica desde el ejercicio de la Dirección de un centro educativo

El mundo académico de los centros educativos públicos, ya sean escuelas o institutos, muchas veces se encuentra lejos de la posible aplicación y uso de los principios de la Pedagogía Sistémica. Los principios por los que se rige nuestro Sistema Educativo se basan en una serie de jerarquías de leyes, normas y en la preponderancia e imperio de lo intelectual sobre lo emocional y fenomenológico.

La cultura de los centros educativos

Esta realidad genera un choque que podemos llamarlo cultural con las corrientes y los entendimientos de la Pedagogía Sistémica. Así no resulta fácil hacerle ver a un profesor o profesora que ante un determinado conflicto, por ejemplo

con un alumno aunque puede verse también con otro compañero de trabajo, todos están implicados en el mismo y la solución a éste pasa por asumir el vínculo y la parte que no vemos en el mismo. No, no resulta fácil. Pero esto que aquí se plantea es casi comenzar la casa por el tejado. Para llegar a estos niveles de comprensión hay que empezar por darle un tiempo al profesorado para llegar a darse cuenta de su vinculación con el sistema en el que se encuentra imbricado. La comprensión de los fenómenos con amplitud y profundidad requiere maduración, y la necesidad de la persona-docente de darse cuenta de la necesidad de salirse de la dinámica de culpar lo externo, para empezar a darse cuenta que también forma parte de la relación. En los centros educativos hay una cultura generalizada de poner la mirada demasiado en lo externo sin mirar la relación y los vínculos.

La primera estrategia: no etiquetar el proceso de cambio

Desde la Dirección de los centros escolares considero desde mi experiencia que hay que plantearlo casi sin plantearlo, es decir, promover acciones que tengan su sustento en la Pedagogía Sistémica y las visiones de las Propuestas de Bert Hellinger y Angélica Olvera sin hacer explícito que se trata de Pedagogía Sistémica. Las resistencias son muchas y en el mundo académico el etiquetado es una de sus labores más repetidas y perfeccionadas, por lo tanto partamos del principio de evitar las etiquetas, así que planteemos desde las direcciones escolares acciones relacionadas con estos principios sin declarar explícitamente de qué se trata. Por poner un ejemplo, este curso 2010-2011, lo empecé con una sesión de recibimiento al profesorado nuevo. El encuadre ha sido diferente de lo que hasta el momento se ha ido realizando en mi centro. Para empezar es que nunca se habían hecho actividades de recibimiento grupal y específico al profesorado nuevo, y mucho menos con el formato de ponernos en círculo y partir del cómo nos sentimos y con qué expectativas venimos al centro.

El resultado fue excelente y nadie se enteró que se trataba de poner en marcha algunas ideas sugeridas por la Pedagogía Sistémica, dando espacio a los que llegan por primera vez y teniendo presente antes a la persona que al profesional.

Así pues el desarrollo es lento si queremos ir en la dirección de poner en prácticas acciones que materialicen la Pedagogía Sistémica en los centros educativos. Se trata de un proceso lento y con una intencionalidad que vaya más al subconsciente de la colectividad que un hecho explícito que puede generar resistencias innecesarias. El convencimiento provendrá más de la ósmosis o contagio que de la imposición aunque sea razonadamente, y es que como ya sabemos la información viaja por sí sola aunque el tiempo no sea el que más nos gustase.

El centro como extensión del sistema familiar

La familia, en palabras de Angélica Olvera, y los sistemas humanos por extensión, tienen la condición significativa en el comportamiento de sus componentes de dirigirse hacia la supervivencia.

Lo que aprendimos en la familia nos lo llevamos como “equipaje” para la vida, así en un centro educativo todo comportamiento tiene como finalidad última la supervivencia del grupo, en este caso la institución. Es anti-evolutivo que los miembros de un colectivo se comporten con la intencionalidad de la autodestrucción, carece de fundamento desde el punto de vista de la pervivencia de la vida. Así muchos comportamientos en los centros educativos pueden llegar a chocarnos porque aparentemente no están aportando nada al buen discurrir de la institución, sin embargo la Pedagogía Sistémica permite darnos herramientas para ampliar esa forma de ver los comportamientos humanos. Una acción aparentemente molesta y contrapuesta a las directrices de un Equipo Directivo por parte de cualquier miembro de la Comunidad Educativa puede interpretarse de una manera bien distinta si tenemos presente los principios básicos de la Pedagogía Sistémica, como el que todo el centro en sí mismo es una totalidad y cada uno de sus elementos se encuentran vinculados y unidos por hilos invisibles basados en relaciones que la mayor parte de las veces son condicionadas subconscientemente por nuestro bagaje familiar.

Es fácil darse cuenta que en la mayoría de los casos profesores o personal de administración y servicios que trabajan en los centros educativos, en su conflicto con la autoridad del director hay un paralelismo en el conflicto con las figuras parentales, pues todos somos hijos de un padre y de una madre y nuestro aprendizaje a lo largo de la vida nos ha llevado a cristalizar una forma de relacionarnos con ellos, que se extiende a nuestras relaciones con cualquier forma de autoridad. Tener esta herramienta nos confiere a los directores y directoras una posibilidad para trascender los conflictos y entrever vías de solución alternativas a la confrontación y al enrarecimiento del clima del centro.

De alguna manera, con esta visión, cualquier directivo, desde la perspectiva de la dirección escolar, puede reubicarse en el lugar que le corresponde con una visión del otro más compasiva, más comprensiva.

Conclusiones

En el ejercicio de la dirección escolar debemos tener presente la cultura del centro en el que nos encontramos, y si pretendemos un cambio teniendo presente nuevas tendencias en las que lo emocional cobra una gran importancia, hay que empezar por un trabajo que se centre más en la acción que en la palabra, que tenga en cuenta al otro con una forma de verlo que sienta que forma parte de la institución. Las actividades encaminadas a tener al otro en cuenta son la luz del camino a seguir.

El paralelismo familia-centro es como la relación de un negativo y su fotografía, de uno sale el otro aunque con sus matices de color y contraste. Con ello nos podemos sentir en la confianza de que quizá, otra forma de hacer dirección es posible.

Autor: Israel Mirabent Martín.

Israel Mirabent Martín es Director del IES San Juan Bosco en Jaén, miembro colaborador del Aula La Montera en Sevilla. Máster y formador en Pedagogía Sistémica en La Montera y con formación en Psicoterapia Gestalt y Psicoterapia Integrativa SAT.

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