Picky El Payaso

Estaba lloviendo a cántaros. Picky permanecía de pie ajeno a cómo las gotas resbalaban por su cuerpo. Hacía ya un buen rato que permanecía en la misma posición. El corazón lo tenía apretado como un puño. Le dolía el roce de la vida, como cuando una antigua herida se abre y muestra una vulnerabilidad que creíamos enterrada tras la apresurada cicatriz.
Pasaban los coches, ruidosos, estridentes, gritando su prisa a los indiferentes semáforos, pasaban individuos apresurados que esconden su malhumor bajo el paraguas...Y Picky permanecía quieto, como ausente si lo contemplamos desde fuera, pero en realidad muy centrado en lo que le estaba ocurriendo en su interior. 


Casi por azar su mirada se detuvo en un charco que tenía frente a él y vio su cara pintarrajeada de payaso. La pintura comenzaba a correrse. La sonrisa que antaño a tantos alegraba ahora se deshacía en una mueca de dolor y desconcierto. Picky, el gran payaso, se estaba deshaciendo. Antiguos recuerdos que creía enterrados para siempre volvían a aparecer en el escenario de su consciencia. “¡No, no, por favor, quiero que todo sea como era antes. Yo era feliz, y la gente era feliz a mi alrededor, pero...no, ahora no me puedo contar la misma historia que me he estado contando durante tanto tiempo...!”


“Me sentía morir cuando no encontraba ojos que me miraran, labios que me besaran, manos que me tomaran así como era, que me infundieran la confianza que necesitaba para seguir creciendo.... pero descubrí -¡pronto descubrí! – que las personas que me rodeaban estaban tan ocupadas en su propio tío vivo de sufrimientos y esperanzas, que no podían reparar en mi existencia. El mundo era demasiado grande y giraba demasiado rápido, y así como yo era - pequeño, vulnerable, insuficiente - no tendría ninguna oportunidad”.
“Topar con esta verdad casi me seca el alma. Un día, cuando ya casi había tomado la decisión de tirar la toalla, se me ocurrió una brillante idea. La gente que me rodeaba parecía insatisfecha y triste, aunque no lo expresaran. Sin lugar a dudas necesitaban a alguien que les animara, que les llevara alegría y les hiciera recobrar el optimismo”. Y así fue como nació Picky el payaso. Pronto descubrí con satisfacción que las personas buscaban más mi compañía, y que por fin era valorado. “
“Todas las mañanas, cuando me despertaba, lo primero que hacía era ir al espejo y pintarme cuidadosamente mi cara de payaso. A veces mi alma protestaba, no le gustaba vivir escondida tras este gesto animador pintado en mi rostro, pero Picky la convencía de la necesidad de emplear esa estrategia recordándole el dolor sentido por no ser tenida en cuenta así como era.”
“Y de esta forma, el ritual de pintarme se convirtió en un hábito que hacía de forma mecánica cada mañana. Mi corazón había dejado de protestar- ya no esperaba ser escuchado - y fuera, aunque a veces me tildaban de pesado, valoraban mi sonrisa y gestos animadores de payaso.”
Todo parecía ir bien. Entonces, ¿qué ocurrió? Sin saber bien cómo, Picky entró en una tienda en la que vendían espejos. Al principio se sintió animado creyendo que se encontraba con un grupo de colegas de profesión; incluso alardeó un poco, ensayando las últimas muecas aprendidas. Sin embargo, todos repetían sus gestos de forma mecánica... Picky estaba confuso, nervioso, irritado... y, no obstante, no podía dejar de sonreir. Por primera vez en mucho tiempo vio su rostro debajo de la cara de payaso. Estaba irritado y triste. Descubrió de golpe que los gestos de cercanía y valoración que había comprado con su cara de payaso, no  alimentaban su hambre de afecto, no llegaban a quien era en realidad. Había alimentado tanto el papel de payaso que éste había suplantado su lugar en el mundo. ¿Qué ocurriría si empezaba a mostrarse  así como era a los demás?
Salió de la tienda de espejos corriendo sin saber a dónde. Cuando perdió el aliento se quedó quieto, y así, inmóvil, pasó mucho rato. Finalmente se quedó mirando fijamente un charco que tenía delante de él. Las gotas de la lluvia se mezclaban en su cara con las lágrimas que comenzaban a traspasar el deteriorado maquillaje de payaso.
La oleada de dolor fue pasando y una gran serenidad lo inundó.” Ver que no soy Picky el payaso es sólo el primer paso. La vida es un misterio en danza si así lo quiero. Vendrán nuevos dolores y nuevos remansos de paz. Gracias Picky  porque me ocultaste cuando lo necesité, permitiéndome crecer seguro. Ahora creo que puedo empezar a andar por  caminos nuevos e inciertos, diferentes a la reiteración acostumbrada ¡Quiero descubrirme descubriendo el mundo!